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martes, 31 de marzo de 2020

Dios, pruebas y aislamiento

  • Dios, pruebas y aislamiento
Pablo Mckinney
A\nte la crueldad de un bicho malo la heroicidad de un pue­blo bueno, la ciencia, Dios y el buen el manejo. Tal que aquí estamos, ni indignados ni ra­biosos, pero sí muertecitos de miedo y abu­rrimiento. La incertidumbre, con su manto de ansiedad y depresión es la otra pande­mia que acompaña hoy al mundo.
El Covid-19 avanza, las víctimas mor­tales aumentan. Hay que improvisar si es necesario y aprender de errores propios y ajenos. Por ejemplo, el drama de San Fran­cisco de Macorís debe ser didáctico, pues todo vino de una irresponsabilidad ciuda­dana y de un titubeo de la autoridades en un exceso de celo por respetar los derechos ciudadanos de la afectada, pero resulta que cuando la salud de una sociedad está en
 juego, los derechos ciudadanos pasan a un lejano segundo lugar.
ºHay que aprender, por ejemplo, de los países (y un pueblo de Italia) que han en­frentado con éxito la pandemia. En el ca­so del pueblecito de Vo’ Euganeo, cuenta la BBC en un excelente reportaje, que desde que allí se recibió la información, en la es­cuela de la comunidad se instaló un centro de análisis y se le aplicaron test de contagio a todos los habitantes.
En Corea del Sur se realizan unas 10 mil pruebas por día, lo que les ha permitido ais­lar con éxito a la población que no presenta síntomas. En Japón las autoridades se con­centraron no tanto en aislar como en iden­tificar los focos de infección y proteger a la población más vulnerable. Singapur, ade­más de los test, utiliza los “detectives tec­nológicos” a partir de algoritmos, que les han permitido conocer el movimiento del virus y de ese modo cortar los focos de in­fección. Alemania se concentró en realizar -rápida y masivamente- pruebas a la pobla­ción, y por eso su baja tasa de mortalidad, a pesar de su alto número de contagiados.
Dos elementos son comunes en estos ca­sos de buena gestión: la realización masiva de pruebas y el aislamiento.
Ahora tocaría hablar de la responsabili­dad ciudadana ante todo esto, pero como se termina el espacio, mejor concluir con el lema de la genial campaña de la Policía de Medellín que lanzó a las calles un carro fú­nebre con un ataúd expuesto y la siguien­te inscripción: “Aunque todos tenemos que morir, no nos matemos”. Joder, quédese en su casa.

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